yo te cielo
Decir que amarte es perorar sola entre las calles, escuchando los pasos de algodón de los olvidados gatos que se mezclan mientras las luces se velan. Créeme: nada importaba si estuvieras aquí, ratero como aquellos, los ojos fijos mirándome. Aunque no pudiera mirarte, sabría que el misterio de esas calles habría de tener tu voz, tripeándome, con tu cauda negra despertando mis ganas de tenerte en mis brazos y depositar en ellos mis besos. Decir que amarte es la razón por la que vuelan los pájaros, atentos en su migración a las amenazas de las intemperies, ocupando los árboles de hoja perenne para refugiarse. ¿Qué tenemos nosotros aún de volar para que nuestras plumas y rémiges se encuentren? Acá me quedo, en el mismo prado de verano donde tuvimos nuestro primer encuentro. Hago de este suelo mi casa. Así me cerca el cielo. Temprano miro las estrellas, mientras el sol se desvanece en su último color. Quizás todavía te vea volando, en tu agotada migración. Y con mis ojos puestos en ti, pued...